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martes, 7 de agosto de 2012

Varanasi

Llegamos a Varanasi, capital religiosa del hinduismo. Las orillas del Ganges arrastran las cenizas de los cuerpos incinerados en los ghats, unas cien escaleras en las que se apilan los cuerpos en las piras, para quemarlos en medio de un profundo respeto y peleas de perros. Las cabras se comen los collares de flores que se ponen a los cadaveres, y una vez mas, te planteas por que motivo esa tolerancia hacia los animales que roza el pasotismo. Cuando el cuerpo termina de quemarse, el ultimo hueso se arroja a las aguas, posiblemente junto a una vaca que aproveche el rio para refrescarse, o unos chavales que juegan a zambullirse.

Pero ese es solo el privilegio de los difuntos esposos. Los solteros, por edad, votos, o circunstancias de la vida, son atados a una piedra y soltados desde una barca. No es sorprendente encontrarse con imagenes como la siguiente, que nos puso los pelos de punta.


No hay que olvidar que para los indios el Ganges es sagrado, es el agua de la vida, y sorprendentemente, no vemos a nadie morir en el acto al beber de sus aguas o nadar en ellas como un ritual entregado, al contrario de la sensacion que producen en nosotros sus aguas repletas de restos humanos, jeringuillas, desechos, basura en fin, que corren marrones a lo largo de esta ciudad sagrada.

Sagrada, pero explotada, por supuesto, como todo lo indio. Los templos a las orillas se han visto invadidos por puestos de mercaderes, remeros que transportan turistas durante un tramo del rio de forma que puedan hacer fotos a las piras ardientes de los ghats sin ser recriminados por los religiosos, o mas seguramente, por algun aprovechado que te exige dinero a cambio de las fotos, sin tener nada que ver con el difunto. Los mas listos te ponen en el compromiso etico de comprar madera para que los pobres se puedan incinerar y no ser arrojados al rio.

En recepcion nos aconsejan cerrar la ventana cuando salgamos para evitar que entren monos. Pensamos que exageran para variar, pero al mirar por ella comprobamos que no. Las azoteas estan invadidas y ellos son los amos de los tejados. Seria facil cerrarlas si la luz y el ventilador no se fuesan aleatoriamente conforme el calor humedecia las paredes. A pesar del riesgo, decidimos dejarlas abiertas y me encontre con dos invitados en el lavabo.

Lamentablemente, no era un mono sentado en la taza, imagen que me habria impactado seriamente, si no un par de estos gheckos que abundan por aqui, mirandome desde la pared analizandome, pensando en como salir de alli quizas con mas ganas que yo.

Por lo demas, tipica ciudad india. De hecho, la ciudad mas representativa de esta mezcla de calles abarrotadas, griterio, heces, animales mas libres que muchos ciudadanos, cazadores de turistas, incienso y mierda, sobre todo incienso y mierda.

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